Junto a sus hazañas militares, San Martín impulsó un temprano desarrollo económico soberano, del que, no casualmente, conocemos muy poco. No fueron solo ideas, sino que las llevó adelante cuando fue gobernador intendente de Cuyo, entre 1814 y 1817.
El objetivo principal de San Martín era preparar al Ejército de los Andes para cruzar la cordillera, pero para lograrlo buscó también que la región se desarrollara con recursos propios y que toda la población se movilizara detrás de un proyecto común.
En este sentido, San Martín fomentó la agricultura, repartiendo tierras públicas y expropiando a terratenientes que defendían a España. Así se amplió la superficie cultivada y se mejoró el uso del agua de riego.
También impulsó la industria local, promoviendo talleres de armas, pólvora, paños, curtiembres y herrería, muchos de ellos destinados a abastecer al ejército. Ordenó también las finanzas públicas, reorganizó la recaudación y buscó que los recursos generados se reinvirtieran en la propia región.
San Martín impulsó también una de las primeras leyes de protección de un producto argentino: el vino y el aguardiente de Mendoza y San Juan. Esta medida no era del agrado de algunos sectores en Buenos Aires. Pero San Martín entendió que podía convertirse en un pilar económico genuino, y buscó proteger su producción y comercialización, sentando las bases del desarrollo vitivinícola posterior de la región.
Además apoyó activamente la educación, impulsando escuelas y bibliotecas públicas, y promovió la salud, con mejoras en la atención médica y hospitalaria.
De este modo, el gobierno de San Martín en Cuyo mostró una idea más integral de soberanía. No bastaba con proclamar la independencia política, sino que había que construir las condiciones para sostenerla. Algo que hoy, en medio de tanta entrega y ajuste, recupera enorme vigencia.




