Editorial | ¡Basta de inflación!

El 1º de Mayo una multitud se pronució contra el acuerdo del FMI.

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Con la inflación de marzo del 7,7% se dispararon los precios ya a otro ritmo. Una aceleración insoportable que genera una bronca de masas en el pueblo trabajador. Además, la comida aumentó mucho más que el promedio de inflación. Y si no estalla aún la bronca, es por la masa de programas de asistencia alimentaria, de dinero y la actividad comunitaria de los movimientos sociales. Y sobre todo porque lo que se presenta para reemplazar al actual gobierno es Juntos x el Cambio y Milei. Esta es la realidad en la que estamos metidos.

La corrida especulativa, que llevó el dólar blue a 497 pesos y el financiero alrededor de 470 pesos en la última semana de abril, puso en jaque al gobierno del Frente de Todxs. Esta corrida la empujaron para empezar el propio FMI y “sus recomendaciones”, los monopolios exportadores que demoraron sus liquidaciones a dólar soja y los especuladores. También aportaron las filtraciones del ex jefe de asesores presidencial Antonio Aracre, los tres economistas de JxC que fueron al Fondo a pedirle que suspenda el envío de los 10 mil millones programados para todo el 2023 y Milei, que acompañó la jugada proponiendo llevar el dólar oficial de 220 pesos a 480 pesos. Las consecuencias las pagamos los trabajadores.

En el pico de la corrida, Sergio Massa se salió del libreto acordado con el Fondo ya que, como llegó a informarles, si no “se lo llevaban puesto”. Usó parte de las escuálidas reservas del BCRA para ofertar dólares, bajar el dólar financiero y por extensión el blue. Funcionó para que no pasara la barrera de los 500 pesos y para que el FMI aceptara renegociar las metas del acuerdo que la sequía terminó de demostrar incumplible. Pero la situación aún sigue abierta porque el Fondo no manda los 10 mil millones y las reservas netas de dólares ronda solo los mil millones de dólares, por ahora. Al cierre de esta edición, el martes 2, el blue subía 5 pesos y luego el miércoles volvía a bajar 4 pesos, tras las medidas que restringieron el acceso al dólar financiero CCL –restringiendo uno de los mecanismo de fuga– y la venta de 130 millones del BCRA… ¡Otros fugan directamente a dólar oficial! Es una sangría que no solo amenaza con llevarse puesto a Massa y al gobierno, sino que ya se llevó parte de los salarios y jubilaciones de millones de argentinos. Por eso crece la bronca.

La activación del swap crediticio con China permitió descomprimir en lo inmediato el cuello de botella de las importaciones con ese país, que es el segundo en volumen de intercambio. Los acuerdos con Brasil para comerciar por fuera del dólar significarán un gran paso con el principal socio regional. El banco BRIC es una tentación porque aparentemente desahogaría financieramente al gobierno. Pero probablemente desataría el estrangulamiento por el lado de los yankis que controlan el FMI, y precisamente endeudaron a la Argentina de la mano de Macri para intentar bloquear este tipo de movimientos geopolíticos en la disputa ya abierta entre EEUU y China por la hegemonía mundial imperialista.

La situación sigue abierta y puede agravarse. La línea de diversificar la dependencia y no tocar el sistema que beneficia a los monopolios imperialistas de ambos bandos puede estar llevando al gobierno a un callejón sin salida.

¿Liberación o dependencia diversificada?

Hace un año, en vez de trabar la negociación con el FMI ante el irregular préstamo del FMI y Macri –irregular incluso ante el propio estatuto del FMI–, el gobierno se dividió y los sectores de Alberto Fernández y Massa acordaron sumar los votos de JxC en el Congreso para aprobarlo en el Congreso. Ya transcurría la sangría del superávit comercial, que hoy ya llega a 45 mil millones. Y en vez de apuntar a la nacionalización del comercio exterior, o al menos a un férreo control de las divisas, dejaron correr la fuga en nombre de “no detener el crecimiento”.

Con el litio pasa lo mismo: ambos se lo llevan a cambio casi de nada, el 4% de regalías de lo que declaran. El manejo de las exportaciones de granos y la liquidación de divisas sigue en manos de Cofco (China) y Cargill (EEUU) y otros. Así se reparten la Argentina. En la petroquímica predominan los yanquis; pero la provisión de material ferroviario fue entregada a los chinos, en vez de reconstruir la industria ferroviaria que existió hasta el menemismo. La denominada “restricción externa” de divisas, que corta cíclicamente la importación de insumos industriales, empujando en cada pujo a la primarización, es una consecuencia de la estructura de dependencia imperialista. No la causa.

Es cierto que las exportaciones primarias de la Argentina compitieron siempre con las de EEUU, a diferencia de lo que pasaba con Inglaterra o posteriormente la URSS en el siglo XX. Pero la relación que se está constituyendo con China no es muy diferente a la que caracterizó la dependencia con Inglaterra. El swap con China permite hoy un grado de forcejeo con EEUU y su FMI. Pero refuerza estratégicamente un rol exportador de materias primas e importador de cuanto insumo o producto industrial se le antoje a esa potencia.

Porque China puede sustituir con importación prácticamente cualquier producto de la industria local, apalancada en las condiciones laborales de superexplotación y de escala productiva. Y en definitiva, como cuestión determinante de toda potencia imperialista, con el poder financiero de: “te presto para que me compres y además me vas a pagar intereses que deberán ser refinanciados a cambio de nuevas concesiones”.

La salida no es diversificar la dependencia. Eso es lo que ya se viene haciendo: las consecuencias están a la vista y las paga el pueblo. Lo que exige abrir la cabeza es encontrar el camino político para romper la dependencia, en base a la lucha popular y nacional y, en todo caso, aprovechando la lucha interimperialista como lo han hecho todos los procesos revolucionarios del siglo XX. Porque además, si lo máximo que a lo que se pudiera aspirar fuera a abrazarse dependientemente a la potencia ascendente, nuestra historia no hubiera sido la de enfrentar las invasiones inglesas en 1806 y 1807, sino abrazarnos a la “libertad” de comercio capitalista que nos proponían en reemplazo del opresivo y decadente colonialismo español. Sería bueno aprovechar este mes para repasar las enseñanzas históricas de la Revolución de Mayo.

Crisis y guerra

Desde ya, los procesos revolucionarios se aceleran y generalizan cuando el modo de producción determinante mundialmente se agota en crisis sistémicas, como pasó con el feudalismo cuando entró a derrumbarse ante el capitalismo que claramente expuso Inglaterra política, económica, religiosa y culturalmente, inicialmente, y posteriormente Francia y otras potencias europeas. Hay que ser ciego para no ver la profunda crisis que se está apoderando del capitalismo imperialista; y que en definitiva intentará ser resuelta por las potencias imperialistas con la guerra.

Justamente en el siglo XX, como contrapartida al sufrimiento que impone esta “solución” imperialista a las crisis más profundas de superproducción relativa –inherentes al capitalismo– es que se impusieron como contrapartida los triunfos revolucionarios en Rusia, China y otros países. Revoluciones que, además, llevaron al socialismo a un tercio de la humanidad, en ese primer pujo histórico. Si la derrota de este primer impulso revolucionario en esta nueva época hubiese determinado ya la eternidad histórica del capitalismo, entonces la restauración monárquica que derrotó a Napoleón Bonaparte hubiera significado la ridícula “demostración” de que el feudalismo era el sistema más eficiente para la producción de bienes y servicios en aquel entonces. Evidentemente no fue así. Hoy la propiedad y el control monopolista (incluidos los monopolios estatales imperialistas) y su apropiación del plustrabajo se antagonizan cada día más con los trabajadores que producen esa riqueza socialmente. El capitalismo imperialista no ofrece más que precarización y falta de perspectiva para millones. Más aún cuando el inicio de esta crisis económica ya se acaba de llevar puesto a cuatro grandes bancos. Y ahora vuelve a ofrecer la “solución” bélica a sus propias crisis cíclicas cada vez más profundas.

En última instancia, todo esto es lo que hay detrás de tanta impotencia en el Frente de Todos, y también de la soberbia doctrinaria, simple y auto validada de Milei. Por el contrario, el imperialismo es ya la fase de decadencia del sistema capitalista, en el que se precipita en grandes crisis y guerras devastadoras que ya han abarcado en dos oportunidades al planeta. Ya se le cayó la careta de la “globalización” armónica. Hay que volver a abrir la cabeza: no hay fin de la historia. De lo que se trata es de gestar movimientos de liberación nacional y social que corten la cadena más débil del sistema imperialista: el de la opresión de países enteros como el nuestro, y el rol político e histórico de los trabajadores.

El surgimiento de los planes sociales y subsidios al desempleo no son más que una evidencia de esta pauperización, que necesita ser amortiguada para proseguir acrecentándola con más concentración monopólica. Es justo pelear por el acortamiento de la jornada, porque la productividad actual del trabajo humano lo permite. Pero concibiéndolo como fue la lucha por las 8 horas hace más de un siglo, demostrando que la extensión de jornada laboral obedece a una correlación política de fuerzas más que sólo a una cuestión económica. Misma correlación de fuerzas que, desarrollada, permitirá directamente abrir procesos liberadores para los países oprimidos y los trabajadores.

Unidad con PASO en el Frente de Todxs

El planteo central de CFK en La Plata, sobre la necesidad de llegar a un acuerdo con los empresarios sobre reglas básicas “para que esto funcione”, suena más a deseo impotente que a realidad. Cuando fue ella misma quien, 15 minutos antes, expuso cómo se fugaron 45 mil millones de dólares desde la pandemia, que no pagan prácticamente impuesto a las ganancias –gracias a leyes que protegen al gran capital y que esquilma al resto– y que además son la principal causa del déficit fiscal con el 8% del PBI en el presupuesto del Estado. La realidad es que “esto”, bajo la dirección de los que tienen el poder, “funciona así”; y no es muy distinto a lo que pasa en el resto de los países oprimidos y dependientes como la Argentina.

Quizás aquí esos monopolios imperialistas todavía no pueden hacer todo lo que quisieran, como sí lo hacen en la mayoría de los países que saquean y explotan. Quizás ésa es la diferencia por la que derrotar al Frente de Todos para la reacción es imperiosamente necesario. Y para nosotros impedirlo. Y esto aún cuando el acuerdo de CFK y Massa, que hoy sostiene al gobierno tras la renuncia de Robert De Niro (a la reelección, cabe aclararlo) es el sostén de este rumbo de diversificación de la dependencia pero resistiendo el salto devaluatorio.

Sí, nuestro acuerdo con CFK –y en definitiva por extensión con Massa– es absolutamente táctico. Pero a la vez es justo, porque delimita frente a la reacción abierta y desbocada de Bullrich, Rodríguez Larreta y Milei que vienen con recorte, reforma laboral, jubilatoria, más impuesto a los pobres y menos a los ricos y para todo esto represión. Esta vez, ya lo vienen diciendo. Incluso, que se abrirá la venta de ¡niños y de órganos! Es así. El capitalismo imperialista ya no tiene nada que ofrecernos.

Por eso, para que esta unidad táctica que es el FdT pueda realmente servir para disputar y tener posibilidades de derrotar a JxC y Milei, es necesario que se abran las PASO. Para que las posturas de quienes cuestionamos el rumbo del gobierno, pero que no dejamos de advertir que la contradicción principal es con la reacción de JxC y Milei, juguemos claramente nuestro rol en el Frente. Ya se han anotado Juan Grabois y Claudio Lozano. La unidad de todos estos sectores en una misma lista de precanditados incluso sería lo mejor.

Hay que animarse a ser mariscales, pero de la liberación.