Repentinamente, Beto Pianelli falleció a los 59 años de edad producto de una complicación en una internación hospitalaria. Secretario general del sindicato que supo fundar junto a trabajadores y trabajadoras del subte, la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), dejó una valiosa experiencia de reorganización político-sindical.
“«¡Justo en este momento se viene a morir Beto!» me decían muchos en el velorio”, contaba Virginia Bouvet en diálogo con Prensa Al Frente. “La verdad que yo no me imagino un buen momento para que Beto se vaya. Desde que lo conozco, lo necesitábamos siempre. Hace 30 años que milito con él”, reflexionaba. Actualmente ella es la secretaria de Organización de la AGTSyP.
–¿Qué admirabas más de Beto?
-Admirar es una palabra compleja, te puedo decir que me pasó al principio, Beto era una persona deslumbrante. Tenía una capacidad de convencerte y de sumarte, de agruparte pocas veces vista. Sobre todo, en esa época. Hoy me cuentan en otros lugares de trabajo que tampoco es tan fácil organizarse y me preguntan “¿cómo hicieron ustedes?” Y bueno nosotros tuvimos un Beto que nos hizo las cosas más fáciles. Después cuando conoces a la persona ya no pasa a llamarse admiración, uno tiene respeto por el par, por el compañero y lo que hacía Beto era lograr que todos nos sintiéramos pares. Y no hacía ninguna diferencia si la persona que sumaba era varón o mujer. No veía la diferencia. Él opinaba que teníamos que sumarnos todos porque mientras más éramos era más éramos más fuertes. No había más argumentación ni mucha más ciencia que eso. Le opinaba en lo sindical y lo político, que se nos complicaba más, soportamos algunos cambios y vaivenes de la política, por suerte nos tocó siempre en democracia. Nos tocó vivir algunos procesos como el de Macri en la ciudad, cuando nos pasan a la ciudad.
Beto tenía eso de ver hacia adelante y ver que se podía cambiar, y que para cambiar había que unirse, y que no había muchas razones para unirse, pero las que había valían la pena, y las que había para dividirse eran secundarias o circunstanciales. La frase comúnmente dicha es que un puño golpea más fuerte que cinco dedos, ¿no?. Esa frase yo la escuché por primera vez acá, de compañeros como Beto, de compañeros como el Chato, que habían tenido una militancia previa en grupos izquierdos, ellos venían del MAS, pero en realidad no tenían demasiadas experiencias sindicales. Recién en el Subte pudieron tramar eso que pregonaban del sujeto social, de los trabajadores, de la fuerza de la unidad y demás. Por eso yo te cambiaría la palabra admiración por compañerismo. Cuando vos admiras a alguien te colocas en un lugar de inferioridad de la persona y te hace más difícil, es como si fuera un ídolo. Yo creo que todos somos iguales, que todos tenemos que arremangarnos, que vale lo que hace con el tiempo cada uno. Entonces, en ese sentido me pasó personalmente eso, que no lo conté nunca. Los primeros tiempos que conocí a Beto, me parecía una persona deslumbrante y eso te paraliza. Yo no podía hablar delante de él. Yo era delegada y entonces si estaba él yo me callaba. Después eso se me fue pasando cuando pasó a ser mi compañero de pelea.
Digo pelea porque no me gusta la palabra lucha porque creo que asusta, cuando decimos vamos a luchar ¿a qué estás invitando al compañero? En general te van a decir “yo luchar no, yo tengo que ir a cocinar a mi casa, comer tranquilo con mi familia, estar tranquilo.” Pelea es lo mismo, pero suena un poquito menos sangriento. Yo crié prácticamente a mi nene sola, lo traía a las reuniones. Un día no sé de qué estábamos hablando, ese día dibujó dos piqueteros, cada una con su pañuelo y dos sables y abajo decía “a la lucha por los puestos de trabajo”. Entonces para convencer a los compañeros de que sumen lo tenes que sumar a algo lindo.
–¿Cómo fue el origen de las luchas históricas del subte?
– Cada uno en diferentes lugares había empezado a hacer movimientos que fueron confluyendo. Yo entré a los 19 años, ya llevó 32, él era un poco más viejito. Era el año 1994, neoliberalismo de nuevo, subte privatizado. A Beto le gustaba decir que desde 1976 en adelante nunca salimos del neoliberalismo, a pesar de que en algunos momentos políticos se logran aplicar determinadas políticas económicas. Los 90´, el individualismo estaba a full, perdía el trabajo el de al lado, el vecino, el de en frente. Las privatizaciones, todo cerraba, parecido a la época de ahora.
No teníamos mucha experiencia gremial. Nos enteramos de que poco tiempo atrás en el subte se había trabajado 6 horas, porque el subte siempre fue considerado insalubre, siempre tuvo jornada reducida. Y además las condiciones de trabajo que nos habían impuesto en la nueva empresa eran muy severas, nos dábamos cuenta que algo no estaba bien: en 8 horas tenías 20 minutos de descanso, no podías ir al baño sin permiso, no había agua potable en el lugar de trabajo, no tenías papel higiénico, jabón. Se habían entregado con todas las facilidades para los empresarios y sin resguardar ninguna de las protecciones para los trabajadores. De hecho, se anuló por decreto de Menem en 1995 el convenio colectivo cuando se traspasa a manos privadas.
Empezamos organizarnos contra eso, y lo hicimos justamente en el sector de los laburantes más nuevos, porque había otra camada más vieja que había vivido la privatización y venía derrotada. En aquel momento ya nos gustaba ser exagerados y usar frases grandilocuentes, decíamos que eran condiciones carcelarias de trabajo. Beto tenía mucho eso de las frases rimbombantes. Después así también las conquistas fueron históricas. Empezamos primero frenando los despidos. Las primeras medidas fueron en el año 97. Beto todavía no era delegado, yo sí y me dijo «Che, ¿por qué no vas a acá?» Terminó siendo un paro impulsado por nosotros. Arrancó en la línea E y se extendió a todas las líneas. Logramos las dos reincorporaciones. Modificaron las conductas de la empresa, ya no podía usar el despido para disciplinar y también nos dio libertad a nosotros para organizarnos, empezaron a existir las asambleas en el lugar de trabajo. Hasta ese momento hacíamos todo solapado. Ahí empezamos a tratar de instalar la recuperación de la jornada de trabajo. Primero como agrupación sindical en el marco del sindicato UTA porque no nos sentíamos representados, de hecho, los paros eran impulsados por nosotros, venían una vez que ya los hacíamos.
Recién en el año 2000 logramos ser mayoría en el cuerpo de delegados. Beto ganó por 6 votos en su línea, yo por 2, muy peleado entre el pasado y el futuro. Ese primer cuerpo de delegados opositor al sindicato fue acumulando fuerza en las bases. Logramos frenar la eliminación del puesto de guarda porque a nosotros nos parece esencial la asistencia de la persona por si hay una evacuación, por si hay un incidente. No es así en todo el mundo, solo en tres países. Con eso instalamos que se podía ganar. Fue en febrero del 2001 y en diciembre de ese año nos sumamos al quilombazo generalizado. En eso nos evalentonamos y metimos la ley en la legislatura por las 6hs. Mientras todos cantaban “que se vayan todos” nosotros hicimos eso. Fue un proceso muy lindo, crecían las movilizaciones, llegaron a venir la mitad de los trabajadores en una marcha encabezada por mujeres. Si bien eso quedó trunco conseguimos la insalubridad en el 2003 y la reducción ya por convenio colectivo de trabajo en el 2004.
Bueno, después de eso pasaba que aumentaban las cosas, pero no los salarios. Yo era delegada pero no sabía que existían porque las había eliminado el menemismo. En el 2005 se firma la primer paritaria que logró un 43% de recomposición salarial. Recién ahí podemos decir que empezamos a ganar dignamente. Antes un cajero de coto ganaba más.
Beto fue el conductor de todo ese movimiento, abiertamente desde el 2000 para acá. Y ese cuerpo de delegados fue ganando mucho prestigio.
–¿Cómo fue el surgimiento de AGTSyP?
– Después la situación se puso tensa en el sindicato, al punto físico, venían a increparnos, patotearnos. Quisieron expulsar a todo el cuerpo de delegados en un congreso, amenazamos con paro y a partir de ahí, año 2008, dijimos inscribamos nuestro propio sindicato. Le empezamos a dar vida en el 2009 con un plebiscito: si querían tener un sindicato propio o no y la mayoría fue a votar que sí. Y a partir de ahí empezamos a funcionar. Desde el 2011 Beto Pianelli secretario general, Segovia secretario adjunto y la lista con Roja y negra en el en secretario ejecutivo conduciendo el sindicato. Hubo como una continuidad en el tiempo, hoy con la muerte de Beto, Segovia pasa a ser secretario general.
–También estuvo la pelea por el pase a planta de los tercerizados.
– Después algunos puestos como la limpieza, el de los molinetes, el de lavandería eran tercerizados, tenían otro uniforme, cuando vieron todo lo que conseguimos querían eso también. Ganaban un tercio de lo que ganábamos y trabajaban más horas. No tenían representación sindical alguna. Empezaron a organizarse, intentando que no se enteren los jefes, hablando de a poco, pero no salió bien el plan y a los pocos meses despiden a 5 compañeros, a “los cabecillas”. Hicimos una asamblea y decidimos que esa noche pararan los de limpieza de turno noche y a la mañana una batucada a donde estaban sus jefes.
Logramos reincorporar a esos compañeros y a los 4 meses que ingresen al convenio colectivo de trabajo. En el 2007 todos ingresaban a plata permanente de la empresa. El lema era “Un mismo subte, el mismo convenio” y terminó siendo. Además, pasaron a ser parte del escalafón. Un compañero de limpieza que hoy entra con el nivel más bajo, que es el nivel 7, puede ir subiendo hasta llegar el nivel 1, puede ser conductor de subtes. Todos tenemos las mismas oportunidades porque además también conseguimos un sistema justo de ascenso tanto para los varones como para las mujeres en base a puntajes objetivos del trabajo, y no al dedo del jefe como era antes. De hecho, de entrada, a las mujeres no se nos permitía progresar, solamente estábamos en boletería y eso cambió también a pedido nuestro cuando presionamos para que nos den la posibilidad de pasar al puesto inmediato superior, que es el de guarda.
El nivel uno es conductor especializado, maniobrista, hoy tenemos por este de desfasaje que entramos más tarde dentro de los 100 puestos de maniobristas hay 14 mujeres. La tendencia va a mejorar porque ya no importa tu género, vas a subir igual en base a tu calificación laboral, en el futuro vamos a hacer miti y miti.
–Con todo lo que contás de las luchas que tuvieron, que antes sacabas la cabeza y te la cortaban, hubo mucho de Beto de saber medir los momentos políticos y lo justo para cada medida.
– Sí, analizábamos esas cuestiones, pero básicamente nosotros nos dimos cuenta rápido que el subterráneo era estratégico y que si paralizábamos el subte generábamos caos en la ciudad. Hace muchos años nuestras medidas pasaron a ser acotadas solo en la línea, solo en las líneas, solo 2 horas, ir subiendo de menor a mayor y con el menor costo posible. Ojalá con la sola amenaza de paro alcance y ya consigamos lo que estamos pidiendo y no tengamos que accionar. Nos dimos cuenta del poderío que teníamos y buscamos aprovechar los momentos favorables, cuando vino el macrismo nosotros discutimos con todo el cuerpo de delegados y la comisión directiva “si pasamos estos 4 años y salimos con lo puesto, estamos hechos, solo hay que mantener el valor del salario y que no nos quiten ninguna condición de trabajo”. Y lo logramos.
La pandemia puso otro escenario en el cual se acortaron los pasajeros, la empresa aprovechó la situación para ofrecer retiros voluntarios, pero voluntarios, no presionados. Fue bastante gente que se no fue repuesta, perdimos alrededor de 600 puestos de trabajo en el marco de que se perdieron 450.000 pasajeros también.
–Tienen una democracia no tan común en los sindicatos actuales.
– Nosotros combinamos dos factores, la impronta se la imprime el líder en gran parte. Beto no era verticalista, eso tenía muchas ventajas y algunas desventajas. Nosotros no estamos a favor del verticalismo, pero a veces no se puede consultar todo el tiempo, a veces el compañero no quiere que le consultes todo. Hacemos todo lo democráticamente posible. Sabemos que las asambleas funcionan mejor en hora de trabajo que por fuera. La mayoría de los compañeros tienen su vida afuera. Hay un grupo de enfermos como nosotros que militamos y que no paramos. Es una diferencia muy importante que hay que entenderla y aceptarla porque dentro de este margen tenés que maniobrar no del margen ideal que no va a existir. Le dimos mucha fuerza y relevancia a las decisiones del cuerpo delegados, que es una instancia intermedia entre el secretario ejecutivo y los compañeros de base. Entonces, fomentamos, intentamos, entendemos que los delegados cuando vienen y levantan la mano y toman una decisión representan a sus otros compañeros. Porque si no lo hacen seguramente cuando se renueva no lo van a votar al compañero, ¿no? Mientras eso funcione, el secretariado acompaña esas decisiones todo va bien.
Beto dejó que mucha gente a su alrededor desarrolle su potencial, dejaba hacer, seas hombre o mujer. Hay dirigencias que son muy celosas del de al lado, hay mucha rivalidad. Si vos ves al del lado como un competidor en vez de como un aliado, ya tenés dificultades para lo básico que es que tenés que estar unido con ese compañero o convencer a ese compañero de que vaya a una movilización o hacer una medida de fuerza. A veces los dirigentes pecan de eso, pero el espíritu acá, por lo menos el mayoritario o el que nos impregnaba Beto a todo su grupo era ese: colaboraciones en vez de competencia, entre todos sumamos más que tres o cuatro solamente. Bueno, era una persona muy generosa.
–En el último tiempo están con la lucha contra el asbesto. ¿Qué peleas les quedan?
– Primero, continuar la desasbestización, no deja de aparecer aparato con asbesto. La mayor parte de la estructura del subterráneo y de la infraestructura es del siglo pasado, cuando no estaba prohibido, además de la ilegalidad que se cometió en 2012 cuando Macri compró trenes en España. Falta que incorporemos a un sector minoritario de compañeros que no están en la vigilancia médica. Acaban de entrar unas 50, 60 personas más, o sea, todo el tiempo estamos sumando. Nos gustaría tener en algún momento la jornada un poco más reducida ya por la exposición al asbesto, por más que lo bajamos la enfermedad por haber estado expuesto puede durar hasta 40 años, entonces aún los que se jubilaron en cualquier época van a poder estar con la posibilidad de desarrollar alguna enfermedad. Queremos reducir a 30 horas semanales, o sea, queremos que tener dos francos semanales con cinco días de trabajo, para reducir la exposición al mineral. Nos gustaría tener algún beneficio jubilatorio en función de esto, retirarnos antes. Nos gustaría tener mayor intervención como trabajadores, como sindicato en las políticas de transporte. Ahora estamos en con una campaña pidiendo la modernización y la elevación del premetro, la extensión del premetro hasta General Paz. Creemos que el sur está poco desarrollado, está muy concentrado las líneas en un sector de la ciudad. Queremos intervenir en la diagramación de la línea F, creemos que se le dieron de pasar por algunos barrios que son importantes. Queremos mejoras que tienen que ver con el usuario y con el edificio, por ejemplo, hicimos un relevamiento y nos dimos cuenta que hay 30 baños públicos cerrados, que deberían estar abiertos y ser públicos para los usuarios. Haces un mantenimiento mínimo y la gente puede usar el baño en 30 estaciones. Eso nos parece fácil de concretar y sería un buen servicio para la comunidad. Habrán sentido el olor a pis.
Nosotros creemos que los trabajadores tenemos mucho para aportar en cuanto a ideas para que el transporte público sea más eficaz, que sea más accesible, que sea más económico y si me apurás te digo que tiene que ser gratis, totalmente subsidiado por el estado o directamente del Estado, sin necesidad de que una empresa mediadora administre, podría administrar el estado tranquilamente. El hecho de estar ahí te da un saber que por ahí no te dan ni siquiera los lugares de estudio ferroviario, tenemos un dicho “el que sabe sabe y el que no, es jefe”. Creemos en cuanto a los ingenieros y las personas que elaboran en estos grandes proyectos dejan afuera a determinadas zonas de la capital, es la gente que más necesita viajar en estos medios, porque el resto tiene auto.
–¿Y con este gobierno qué desafíos ven?
–Bueno como decía antes, como fue con Macri. La diferencia importante que yo estoy viendo, primero así como con el macrismo, un sector importante de compañeros había votado a Macri, un sector importante de compañeros votó a Milei. Un sector votó a Milei pero nos apoya sindicalmente. Una especie de disociación de la política nacional con lo que me conviene en el lugar de trabajo. Hay un sector que votan y tiene división con nosotros porque nos ven como “cucas” piensa que “el sindicalismo es malo” o también un sector muy minoritario que no está sindicalizado. Eso también tiene que ver con con el accionar de estos 30 años porque todo el que trabaja en el SUBTE entiende que tiene que estar sindicalizado. De hecho, los supervisores que tienen otro convenio también tienen una tasa del 90% de media. Entonces, muy, o sea, el SUBTE es muy combativo. Son los que nos controlan a nosotros, pero después se organizan entre ellos para cuidarse de la empresa también. Cosas que pasan.
Estamos participando activamente en la CTA. Ahora integramos el FRESU, tenemos que ser un motor de cambio a futuro, de renovación. A diferencia del 2016, 2017 no se está logrando tanta unidad con la CGT, no hay esa combatividad que se había logrado que con el macrismo fue determinante para que retrocediera. El gobierno avanzó, logró estas leyes, ahora veremos qué pasa en la justicia. Creemos que, aun instalándose las leyes, nosotros ya hemos visto estos fenómenos que después se revierten con otros gobiernos y otras leyes. Lejos de esta modernización que la llaman, los abogados nos hicieron unos resúmenes y de 200 y pico de artículos, no hay uno que favorezca a ningún trabajador.
La perspectiva de aplicarse no es buena, pero también en un año y pico o dos hay elecciones y también puede ser que eso cambie, que haya un aire de recomponer los destrozos que ha hecho.



